Te recuerdas el día en que me olvidaste? Preguntó. Se le puso chiquito el ojo izquierdo mientras ponía cara de extrañada y veía para arriba. El, seguía hablando. Y cuando me viste por primera vez? Te recuerdas como no nos conocíamos pero no podíamos parar de hablar? Y cuando me devolviste la llamada por primera vez? Te recuerdas de nuestro primer beso? Te acuerdas como nos aguantábamos las ganas de empezar. Te acuerdas cómo conocimos el mundo agarrados de la mano? Cómo conocimos el amor?
Ella seguía como perdida en su memoria tratando de encontrar la respuesta a todas esas preguntas. No, no me recuerdo de nuestro primer beso, respondió.
Seguía perdida, se preguntaba porque podía acordarse de un montón de besos pero no del primero, del ultimo, ni del mas especial. Ni siquiera se acordaba la ultima vez que se habían visto. El, seguía preguntando, te recuerdas aquella vez que volvimos que tenías el pelo corto y estábamos entre los carros? Te recuerdas de aquel vestido rojo que tanto me gustaba? Te recuerdas de la primera vez que dije te amo? Y de aquel día que lloramos tanto que no podíamos respirar? Te acuerdas del poema que te escribí, de las rosas que te regalé? De esas si se acordaba, habían sido tantas, que cómo olvidar? Te acuerdas de los gritos, las peleas, las cartas, las fotos, las canciones? Ella, seguía buscando, encontraba mil momentos que el no había mencionado, hasta que lo vio a los ojos y se acordó de aquel día en que el mundo se le vino encima porque la dejó. Se acordó de lo difícil que fue enfrentarse al mundo sin que el la llevara de la mano. El corazón se le arrugó y encontró recuerdos de los besos, las cartas, las flores, los poemas, las canciones, las lagrimas, sobretodo de las lagrimas. También encontró los días en que todo era perfecto porque el estaba ahí. Recordó el día en que se conocieron y hasta en que momento lo vio por primera vez. Se acordó de su primera vez, se acordó de los días en el sofá en el que vivieron tantas cosas. Se acordó del otro sofá donde siempre terminaban y donde hacían siesta después de comer. Se acordó de las llamadas interminables, los sobrenombres, las razones, los porqué. Se acordó de los regalos, la comida, la música, de los días en que no se podían ver. Se acordó de los perdones, de las mentiras, de los miedos. Se acordó del olor y de los días en que se escondían. Recordaba la taquicardia y el hueco en el pecho. Los besos en el ascensor y cuando aprendió a manejar. Cuando le descubrió ese hueso mal puesto en el pecho, que les dio pie a todo lo demás. El había parado de hablar porque en sus ojos podía ver los recuerdos de aquellos años. Los dos vieron su historia en polaroids llenas de colores y de blanco y negro que se iban animando en sus ojos. Los altos y bajos, las sonrisas, las promesas. Vieron las sorpresas, las mentiras, el odio y el amor. Sintieron la rabia, el desespero y hasta se vieron en aquel mundo que construyeron donde envejecían juntos y se contaban el cuento de cómo nunca aprendieron a vivir el uno sin el otro. Una lagrima le recordó el día en que se dio cuenta que el amor no fue suficiente, ese día ella supo que jamás volvería a amar así. El le apretaba la mano al ver cosas que no sabía, nunca imaginó que ella había sufrido tanto. Tampoco podían creer que realmente se habían amado con la misma intensidad. Se acordaron de los besos que no han debido darse, y de los cuentos del balcón al que tanto se escaparon pero que solo un día los vio amanecer. Ella siempre había pensado que lo había amado más, pero en sus manos sintió como el corazón se le iba a salir igual que a ella mientras recordaban cuando les decían que el mundo daría vueltas y los iba a poner en el mismo lugar. Se preguntaban si era verdad que de haberse conocido mas adelante en la vida, seguirían juntos. No entendían como la novatada pudo mas que el amor. Ella lo veía a los ojos tratando de explicarle como el despierta cosas que ella mas nunca sintió, como su presencia la descontrola, la desconecta. El la veía con cara de que sentía lo mismo. Y con la incertidumbre de un amor que no tuvo parámetros. Ella lo veía como haciéndole entender que él ya caminaba en otra historia donde ella era solo parte de los personajes del recuerdo, de sus recuerdos de aquella historia que lo vio crecer. Luego sonrieron, ambos se pasearon por los buenos recuerdos, dejaron atrás todo lo que les dolió. Poco a poco se paseaban por los años recordando las miradas robadas en manos de otros, hasta que llegaron a ese día, en ese instante donde estaban, parados uno frente al otro, sin poder parar de verse y sabiendo que es mejor así.
Hubo silencio, a ella se le perdió la mirada de nuevo tratando volver al principio de su encuentro. El, que ya sabía la respuesta, la abrazó y le dijo al oído: “ No lo olvidaste, simplemente nunca sucedió”
*Cursis